Despues del discurso de la armas y la letras que llevasteis adelante surgió el capitán cautivo. Cervantes y don Quijote cara a cara correspondiéndose. La narración excelente, ninguna novedad. Pero sí que nos vamos de lo prosaico de esas vidas seculares y nos da aliento la virtud del capitán y el encuentro originario del varón y la mujer en la unicidad del destino verdaderamente cristiano o procedente del misterio del hogar de Nazaret. Lela Marién comanda ese ámbito ya no mundano y sociológico sino celestial en la tierra. Así la vio el capitán a Zoraida en el jardín, recordando a Dante. Así surge la fuerte relación con su padre que es lo mejor que escrito tiene vuestro autor. Resuenan las palabras shakespirianas: "vuelve hija mía que te lo perdono todo". La tragedia de la separación padre hija dentro de la piedad. Lo más hondo. Al punto que habéis callado caballero de la triste figura, la historia de Zoraida os ha detenido, has quedado atónito ante la nobleza de vuestro autor que es el cautivo.
Y Lela Marién es el sol del caballero y no hay más que decir.
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