Salisteis, caballero de los leones, a las aventuras que el mundo abierto por tu impulso intelectivo hacia el bien te deparara. Un joven salió a la aventura en el mundo inglés ultramarino al cual su juventud ciega lo llevaba: se llamaba Robinson. No había nada especial en él, no había meditado en su aposento ni leído libros ni aún atendido a las palabras de la sabiduría revelada ni aprendido nada del maestro interior como vos.
Él salió en rebeldía contra designios paternos y terminó arrastrado por tormentas marinas en una isla donde puso a prueba la capacidad técnica que le proporcionó los medios de vida donde aplicó el método de la civilización.
Pero la técnica que en medio de ella no promueve la interioridad porque la va borrando en la medida en que el hombre se socializa y se hace esclavo del “se dice y se hace y se vive”, en una sociedad que va escapando de lo que siempre y para siempre ha de ser pensado”, la técnica, ahora ocasionaba un diálogo consigo mismo en una interiorización o reminiscencia del conocimiento. He aquí que en sus momentos de ocio y obligado recogimiento fue mostrándose la persona que en él había. Surgió de su conversación consigo mismo. Más tarde aparecerá un Sancho, Viernes, con quien ejercitará el ser de la persona que es la cercanía por el lenguaje de la conversación y después se va introduciendo otra vez en la sociedad (porque vienen hombres) donde se requiere la justicia para que sea “comunidad” y ambos salvan de la muerte a desdichados que vienen a la isla. Sentimos inmediatamente nostalgia de esos primeros capítulos donde su persona en intimidad se dibujaba en trazos precisos.
Mas tarde vuelve a la sociedad que sorberá la delicada interioridad de Robinson Crusoe en la del escritor que por él había visto una ventana, por donde muchos respiramos.
Pero el fin de los fines, el fin último no aparece: por eso se borra la persona…en el mundo que se basta a sí mismo. Da tristeza señor don Quijote, pero es el mundo inglés donde Ulises (en el poema de lord Tennyson) no alcanza plenitud sino que vuelve a partir hacia el horizonte en una suerte de nostalgia sin fin: navegar, sólo navegar.
SALIR CON DON QUIJOTE POR LOS CAMINOS DE LA MEDITACIÓN HACIA ELLUGAR DE LA MORADA
lunes, 30 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
GANDHI CABALLERORO DE LA TRISTE FIGURA
Destaco en vuestra historia este hecho de libertad, no ya entre las cosas, el hecho de ser libre para cambiar estructuras (que han de cambiar por evolución) sino libertad en el ser en cuya dimensión hay sólo personas. Porque le proponíais al rey el adoptar un caballero andante para arrojar al turco en lugar de ejércitos y sonreían ante vos todos: hasta el escritor de vuestra historia que fue soldado valiente en ocasiones, “que no han visto los tiempos pasados ni verán los por venir”. Le proponíais lo que ni entonces ni ahora vale ante la realidad de las cosas: la persona, libertad en el ser.
El esperar la libertad de las cosas ha sido demostrado como ilimitado: antes Felipe II y hoy Rodriguez Zapatero titularizan estructuras insatisfactorias que exigen “liberación”. Tú hablabas de un hecho que en vos brotaba emergiendo de aquel tu aposento o celda de meditación: el de la persona. Y veíais cómo una persona sola valía por miles de hombres adheridos a las cosas del mundo, un caballero que había renunciado a ellas y esa renuncia lo hizo libre para ser. Vos predicabais esa libertad que respirabais en esa atmósfera limitada por el cielo en una tierra sin fronteras donde solamente esperabas gigantes y deformes seres, sabiendo que la forma es la figura, y esta es el carácter y éste la persona. Y “quien me ve a mí ve al Padre”, dijo la SEGUNDA PERSONA DE LA TRINIDAD y en la casa del Padre habitan las personas o bien el habitar consiste precisamente en ser personas (los discípulos en el evangelio de San Juan: los siguieron, vieron y habitaron con él, no se habló de cosas, de qué, sino de quienes moraron con él aquella tarde). Las cosas pasarán pero las personas no pasarán y eso puede ilustrarse con la parábola del pobre Lázaro, que liberado de su pobreza ya era persona en plenitud, en cambio el rico ni nombre tenía. Y estaba en el suplicio de no haber vivido sino en la realidad de las cosas. Cada uno tuvo su recompensa. Lázaro por fuerza careció de todo y se quedó con lo único que tenía, la persona que era antes que el mundo fuese. El rico quedó sepultado entre las cosas que se consumen en el fuego que nunca se apaga: el cosmos en las tinieblas de fuera.
¿Lo queréis ver en nuestros tiempos? Ahí esta el valor de una persona entre millones y frente a la quintaesencia de lo cósico y mundano, el imperio inglés. Uno valió y más que gran alma era un ser único, la misma definición encarnada de la persona, medido no por la realidad sino por Dios (no por estructuras religiosas): Mahatma Gandhi. Ahí está lo que decíais caballero de la triste Figura: un solo caballero haría retroceder a una potencia militar y comercial (lo cual es peor).
Recuerde al alma dolorida…ved cuan pobres son las cosas tras que andamos y corremos pues que antes que muramos las perdemos. Ni los infantes de Aragón ni el imperio inglés fueron sino “verduras de las eras”. Para terminar con aquellas coplas tan estimadas por vuesa merced.
El esperar la libertad de las cosas ha sido demostrado como ilimitado: antes Felipe II y hoy Rodriguez Zapatero titularizan estructuras insatisfactorias que exigen “liberación”. Tú hablabas de un hecho que en vos brotaba emergiendo de aquel tu aposento o celda de meditación: el de la persona. Y veíais cómo una persona sola valía por miles de hombres adheridos a las cosas del mundo, un caballero que había renunciado a ellas y esa renuncia lo hizo libre para ser. Vos predicabais esa libertad que respirabais en esa atmósfera limitada por el cielo en una tierra sin fronteras donde solamente esperabas gigantes y deformes seres, sabiendo que la forma es la figura, y esta es el carácter y éste la persona. Y “quien me ve a mí ve al Padre”, dijo la SEGUNDA PERSONA DE LA TRINIDAD y en la casa del Padre habitan las personas o bien el habitar consiste precisamente en ser personas (los discípulos en el evangelio de San Juan: los siguieron, vieron y habitaron con él, no se habló de cosas, de qué, sino de quienes moraron con él aquella tarde). Las cosas pasarán pero las personas no pasarán y eso puede ilustrarse con la parábola del pobre Lázaro, que liberado de su pobreza ya era persona en plenitud, en cambio el rico ni nombre tenía. Y estaba en el suplicio de no haber vivido sino en la realidad de las cosas. Cada uno tuvo su recompensa. Lázaro por fuerza careció de todo y se quedó con lo único que tenía, la persona que era antes que el mundo fuese. El rico quedó sepultado entre las cosas que se consumen en el fuego que nunca se apaga: el cosmos en las tinieblas de fuera.
¿Lo queréis ver en nuestros tiempos? Ahí esta el valor de una persona entre millones y frente a la quintaesencia de lo cósico y mundano, el imperio inglés. Uno valió y más que gran alma era un ser único, la misma definición encarnada de la persona, medido no por la realidad sino por Dios (no por estructuras religiosas): Mahatma Gandhi. Ahí está lo que decíais caballero de la triste Figura: un solo caballero haría retroceder a una potencia militar y comercial (lo cual es peor).
Recuerde al alma dolorida…ved cuan pobres son las cosas tras que andamos y corremos pues que antes que muramos las perdemos. Ni los infantes de Aragón ni el imperio inglés fueron sino “verduras de las eras”. Para terminar con aquellas coplas tan estimadas por vuesa merced.
viernes, 27 de mayo de 2011
EL ENVÍO A LA VERDAD
¿Quien os vino a buscar sino el Espíritu de la Verdad que está con nosotros? Y salisteis al camino trillado por los hombres desde vuestra alta humanidad atesorada en el secreto donde orabais, en tu aposento colmado por libros (por palabras, palabras al decir de Hamlet) por donde los rayos del sol penetraban para que de claro en claro volara tu pensamiento obediente que buscó la libertad: aquella enamorada de lo bello y fuente de dignidad para el hombre, aquella precisa armonía, única y perfecta en pos de la cual andaba vuestro Rocinante movido por ella, cuando el gozo le reventaba por sus cinchas ¡Esa libertad que pregustabas cabalgando hacia el horizonte!y que no la sabe quien no la prueba. Ex-per-iencia, cmino real del individuo real, la persona, no representaciones o moralinas liberadoras. Don Miguel II expresó aquello célebre: ...señal que cabalgamos.
Erais, caballero de los Leones, fenomenología de la libertad: en tí se mostró cuando salisteis alborozado por la puerta falsa de un corral al donoso campo de Montiel. Y lo que en tí se mostraba pretendiais promover entre las gentes de ese mundo encerrado en sus cosas, como todo mundo. Seguramente os sentíais asfixiado en él y por eso pretendisteis dar libertad en la libertad que en tí explotaba.
Quien os envió a la verdad os hacía verla y a eso le han llamado ideal aunque es la IDEA que en tí se mostraba la que veías en el horizonte.
El caso fue que salisteis por los caminos a contrario sensu de los hombres y os salían al encuentro ellos, cautivos de los tiempos cronometrados de sus oficios, que no veían lo que en el interior de ellos mismos estaba (por más que la epístola a los Efesios podía ser leída y predicada. Y al verlo en vos tampoco lo veían; pues veían tu apariencia entre las apariencias, es decir en las cosas, que son y que no son, el camino de la mezcla y la conjunción de los "pero": "esto es así pero...". Nadie sino vos veia el absoluto simple de lo que es en lo que debe ser, que llaman "ideal" frente a lo "real", como si esa división pudiera ser otra cosa que una abstracta fijación del poder inmediato del entendimiento.
El absoluto simple, la verdad misma que es ella misma y no una cosa, porque mide las cosas haciéndolas verdaderas con un sí, sí, no. no. La medida del mundo, que no puede recibir el Espíritu porque no le ve ni le conoce es lo que llaman realidad y allí están los cautivos que vos liberáis, empezando por el simple Sancho Panza, que representa a todos los que con el buen ejemplo del hombre paradigmático donde brota la persona por obediencia al ser responde a sí mismo.
Erais, caballero de los Leones, fenomenología de la libertad: en tí se mostró cuando salisteis alborozado por la puerta falsa de un corral al donoso campo de Montiel. Y lo que en tí se mostraba pretendiais promover entre las gentes de ese mundo encerrado en sus cosas, como todo mundo. Seguramente os sentíais asfixiado en él y por eso pretendisteis dar libertad en la libertad que en tí explotaba.
Quien os envió a la verdad os hacía verla y a eso le han llamado ideal aunque es la IDEA que en tí se mostraba la que veías en el horizonte.
El caso fue que salisteis por los caminos a contrario sensu de los hombres y os salían al encuentro ellos, cautivos de los tiempos cronometrados de sus oficios, que no veían lo que en el interior de ellos mismos estaba (por más que la epístola a los Efesios podía ser leída y predicada. Y al verlo en vos tampoco lo veían; pues veían tu apariencia entre las apariencias, es decir en las cosas, que son y que no son, el camino de la mezcla y la conjunción de los "pero": "esto es así pero...". Nadie sino vos veia el absoluto simple de lo que es en lo que debe ser, que llaman "ideal" frente a lo "real", como si esa división pudiera ser otra cosa que una abstracta fijación del poder inmediato del entendimiento.
El absoluto simple, la verdad misma que es ella misma y no una cosa, porque mide las cosas haciéndolas verdaderas con un sí, sí, no. no. La medida del mundo, que no puede recibir el Espíritu porque no le ve ni le conoce es lo que llaman realidad y allí están los cautivos que vos liberáis, empezando por el simple Sancho Panza, que representa a todos los que con el buen ejemplo del hombre paradigmático donde brota la persona por obediencia al ser responde a sí mismo.
martes, 24 de mayo de 2011
SI MI FUE TORNASE A ES
Quiero decir señor don Quijote aquello de la epístola a los Efesios: antes que el mundo fuese éramos personas ante la faz del Padre del Hijo amado, nuestro SEÑOR Jesucristo y he aquí que vos que habéis dejado vuestro sello en nuestras retinas al leer tu historia y en la vuelta final a vuestro hogar disteis vuestro espíritu, muriendo cuerdo y alcanzando sin esperar más lo que será después: la plenitud del ser persona.
Nosotros estamos aún por vernos como lo que somos. Nosotros estamos presos en las apariencias que ante vos comparecían en los caminos, las ventas y los palacios. Nosotros hoy tenemos pantallas con fantasmagorías infinitas que han superado con creces a las novelas de caballerías. Diariamente hacemos la selección que se hizo con vuestros libros e igualmente queda casi todo para arrojar al fuego. La figura humana que quedara de tal escrutinio sería el hallazgo de un diamante en un camino trillado por las gentes. Nuestro mundo ya no es la edad de hierro: es para vos inimaginable por lo abigarrada pues no se queda sólo en lo prosaico.
No podríais imaginar, como digo, la hibridez, la transgresión constante, la burla, la vanidad desenfrenada que campea en lo que llaman cultura. Si amabais la libertad frente al formalismo de vuetra época bajo la ferrea autoridad hoy tenéis la contracara en la liberación sin límite. Diríase que lo peor de la vida cortesana se ha instituido como derecho adquirido por las modernidades que desde vuestra época se han desenvuelto.
Pero no hay que engañarse, la esencia del hombre no puede cambiar, como toda esencia: la nuestra dañada por el pecado se manifiesta sin tasa hoy y ayer. El valor infinito de la redención comenzó a perder valor poco a poco hasta llegar a ser un concepto muerto. Desde aquí vige la liberación.
A vos que fuisteis amante puro de la libertad nada hay que deciros porque finalmente moristeis cuerdo, es decir sometido a Dios y a la Iglesia. Lo inquietante de la desobediencia actual está sustancialmente en el rechazo de la redención pensando que Dios no es el que se conserva en la Revelación que atesora la Iglesia, guardiana de las Escrituras. La exigencia de libertad que llevasteis por los caminos viejos de España no quita la obediencia a lo que se guarda allí, en el gran sacramento. Y el reclamo del derecho de los desvalidos ha sido tomado como bandera de todos los santos hasta el día de hoy y no hay quien quiera negarlo. Por el contrario lo enarbolan todos como un patrimonio común, sea la Iglesia como la contra Iglesia, que se parecen por el celo del socorrer a los necesitados. Pero escapan al mismo tiempo todos del ser personas, rostros únicos, por parecerles signo de exclusivismo elitista o solipsismo egoista. No toleran la reclusión en Sierra Morena ni los mil avemarías, ni la declarada castidad de vuestros amores con Dulcinea. Están en el mundo, es verdad, tocados por la solidaridad, pero sin la recepción del Espíritu del cual siempre estuvo lleno vuestro corazón de caballero andante o vuestra condición de hidalgo amante del íntimo hogar, donde disteis el espíritu, es decir donde con modestia refulgió la paz en vuestra muerte.
Es menester ahora salir a rescatar a las personas que yacen ocultas en un hombre deliberadamente enajenado, en un hombre acosado por la técnica y la vigencia omnímoda de la vida de la célula, del vitalismo medido por la modernidad y por la desestructuración medida por el impulso reinante posmoderno. Un solo caballero andante que mostrase su rostro único y su intimidad infinita bastaría para ello ¡Y los ha habido y aún los habrá! Doy el ejemplo del Mahatma Gandh: uno solo que dio en ser santo (como lo recomendaba el mismísimo Sancho Panza) pesó por millones. Muchos Quijotes cabalgan por los caminos en débiles corceles como caballeros de la Triste Figura a los cuales podrá faltarles la ventura pero el esfuerzo y el ánimo jamás.
Donde brilla una persona se muestra la imagen y semejanza de lo que todos llaman "Dios".
Nosotros estamos aún por vernos como lo que somos. Nosotros estamos presos en las apariencias que ante vos comparecían en los caminos, las ventas y los palacios. Nosotros hoy tenemos pantallas con fantasmagorías infinitas que han superado con creces a las novelas de caballerías. Diariamente hacemos la selección que se hizo con vuestros libros e igualmente queda casi todo para arrojar al fuego. La figura humana que quedara de tal escrutinio sería el hallazgo de un diamante en un camino trillado por las gentes. Nuestro mundo ya no es la edad de hierro: es para vos inimaginable por lo abigarrada pues no se queda sólo en lo prosaico.
No podríais imaginar, como digo, la hibridez, la transgresión constante, la burla, la vanidad desenfrenada que campea en lo que llaman cultura. Si amabais la libertad frente al formalismo de vuetra época bajo la ferrea autoridad hoy tenéis la contracara en la liberación sin límite. Diríase que lo peor de la vida cortesana se ha instituido como derecho adquirido por las modernidades que desde vuestra época se han desenvuelto.
Pero no hay que engañarse, la esencia del hombre no puede cambiar, como toda esencia: la nuestra dañada por el pecado se manifiesta sin tasa hoy y ayer. El valor infinito de la redención comenzó a perder valor poco a poco hasta llegar a ser un concepto muerto. Desde aquí vige la liberación.
A vos que fuisteis amante puro de la libertad nada hay que deciros porque finalmente moristeis cuerdo, es decir sometido a Dios y a la Iglesia. Lo inquietante de la desobediencia actual está sustancialmente en el rechazo de la redención pensando que Dios no es el que se conserva en la Revelación que atesora la Iglesia, guardiana de las Escrituras. La exigencia de libertad que llevasteis por los caminos viejos de España no quita la obediencia a lo que se guarda allí, en el gran sacramento. Y el reclamo del derecho de los desvalidos ha sido tomado como bandera de todos los santos hasta el día de hoy y no hay quien quiera negarlo. Por el contrario lo enarbolan todos como un patrimonio común, sea la Iglesia como la contra Iglesia, que se parecen por el celo del socorrer a los necesitados. Pero escapan al mismo tiempo todos del ser personas, rostros únicos, por parecerles signo de exclusivismo elitista o solipsismo egoista. No toleran la reclusión en Sierra Morena ni los mil avemarías, ni la declarada castidad de vuestros amores con Dulcinea. Están en el mundo, es verdad, tocados por la solidaridad, pero sin la recepción del Espíritu del cual siempre estuvo lleno vuestro corazón de caballero andante o vuestra condición de hidalgo amante del íntimo hogar, donde disteis el espíritu, es decir donde con modestia refulgió la paz en vuestra muerte.
Es menester ahora salir a rescatar a las personas que yacen ocultas en un hombre deliberadamente enajenado, en un hombre acosado por la técnica y la vigencia omnímoda de la vida de la célula, del vitalismo medido por la modernidad y por la desestructuración medida por el impulso reinante posmoderno. Un solo caballero andante que mostrase su rostro único y su intimidad infinita bastaría para ello ¡Y los ha habido y aún los habrá! Doy el ejemplo del Mahatma Gandh: uno solo que dio en ser santo (como lo recomendaba el mismísimo Sancho Panza) pesó por millones. Muchos Quijotes cabalgan por los caminos en débiles corceles como caballeros de la Triste Figura a los cuales podrá faltarles la ventura pero el esfuerzo y el ánimo jamás.
Donde brilla una persona se muestra la imagen y semejanza de lo que todos llaman "Dios".
domingo, 22 de mayo de 2011
LA PERSONA SALE A SER PERSONA
Habéis estado en el secreto de tu recámara señor Alonso Quijano leyendo muchos libros de claro en claro y de turbio en turbio adentrándote en el misterio luminoso del ser persona, es decir un ser único que nos ha sido donado como imagen y semejanza, y has salido por el campo de Montiel en la gloriosa mañana eterna para cabalgar hacia el horizonte del día sexto de la creación. En ese día de la existencia mostraste que la salida lo es del interior y cuanto más íntimo más amplia es la salida. La intimidad de aquel lugar de la Mancha se expande por el mundo guardando su enjundia interior que es lo mismo que decir que la persona es un diamante indestructible que recibe la luz con su transparencia.
Una y otra salida tuvo su vuelta haciendo del comienzo y el acabamiento un movimiento telético, es decir perfecto. Y tu muerte don Alonso fue una consumación: la verdadera entrada en el séptimo día de la casa del Padre donde hay muchas moradas. La existencia que es salida exterioriza lo que era antes: la persona que luego será lo que era. SI MI FUE TORNASE A ES...SIN ESPERAR MÁS SERÁ...O LLEGASE EL TIEMPO YA DE LO QUE SERÁ DESPUÉS.
Una y otra salida tuvo su vuelta haciendo del comienzo y el acabamiento un movimiento telético, es decir perfecto. Y tu muerte don Alonso fue una consumación: la verdadera entrada en el séptimo día de la casa del Padre donde hay muchas moradas. La existencia que es salida exterioriza lo que era antes: la persona que luego será lo que era. SI MI FUE TORNASE A ES...SIN ESPERAR MÁS SERÁ...O LLEGASE EL TIEMPO YA DE LO QUE SERÁ DESPUÉS.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)