domingo, 29 de mayo de 2011

GANDHI CABALLERORO DE LA TRISTE FIGURA

Destaco en vuestra historia este hecho de libertad, no ya entre las cosas, el hecho de ser libre para cambiar estructuras (que han de cambiar por evolución) sino libertad en el ser en cuya dimensión hay sólo personas. Porque le proponíais al rey el adoptar un caballero andante para arrojar al turco en lugar de ejércitos y sonreían ante vos todos: hasta el escritor de vuestra historia que fue soldado valiente en ocasiones, “que no han visto los tiempos pasados ni verán los por venir”. Le proponíais lo que ni entonces ni ahora vale ante la realidad de las cosas: la persona, libertad en el ser.
El esperar la libertad de las cosas ha sido demostrado como ilimitado: antes Felipe II y hoy Rodriguez Zapatero titularizan estructuras insatisfactorias que exigen “liberación”. Tú hablabas de un hecho que en vos brotaba emergiendo de aquel tu aposento o celda de meditación: el de la persona. Y veíais cómo una persona sola valía por miles de hombres adheridos a las cosas del mundo, un caballero que había renunciado a ellas y esa renuncia lo hizo libre para ser. Vos predicabais esa libertad que respirabais en esa atmósfera limitada por el cielo en una tierra sin fronteras donde solamente esperabas gigantes y deformes seres, sabiendo que la forma es la figura, y esta es el carácter y éste la persona. Y “quien me ve a mí ve al Padre”, dijo la SEGUNDA PERSONA DE LA TRINIDAD y en la casa del Padre habitan las personas o bien el habitar consiste precisamente en ser personas (los discípulos en el evangelio de San Juan: los siguieron, vieron y habitaron con él, no se habló de cosas, de qué, sino de quienes moraron con él aquella tarde). Las cosas pasarán pero las personas no pasarán y eso puede ilustrarse con la parábola del pobre Lázaro, que liberado de su pobreza ya era persona en plenitud, en cambio el rico ni nombre tenía. Y estaba en el suplicio de no haber vivido sino en la realidad de las cosas. Cada uno tuvo su recompensa. Lázaro por fuerza careció de todo y se quedó con lo único que tenía, la persona que era antes que el mundo fuese. El rico quedó sepultado entre las cosas que se consumen en el fuego que nunca se apaga: el cosmos en las tinieblas de fuera.
¿Lo queréis ver en nuestros tiempos? Ahí esta el valor de una persona entre millones y frente a la quintaesencia de lo cósico y mundano, el imperio inglés. Uno valió y más que gran alma era un ser único, la misma definición encarnada de la persona, medido no por la realidad sino por Dios (no por estructuras religiosas): Mahatma Gandhi. Ahí está lo que decíais caballero de la triste Figura: un solo caballero haría retroceder a una potencia militar y comercial (lo cual es peor).
Recuerde al alma dolorida…ved cuan pobres son las cosas tras que andamos y corremos pues que antes que muramos las perdemos. Ni los infantes de Aragón ni el imperio inglés fueron sino “verduras de las eras”. Para terminar con aquellas coplas tan estimadas por vuesa merced.

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