martes, 24 de mayo de 2011

SI MI FUE TORNASE A ES

Quiero decir señor don Quijote aquello de la epístola a los Efesios: antes que el mundo fuese éramos personas ante la faz del Padre del Hijo amado, nuestro SEÑOR Jesucristo y he aquí que vos que habéis dejado vuestro sello en nuestras retinas al leer tu historia y en la vuelta final a vuestro hogar disteis vuestro espíritu, muriendo cuerdo y alcanzando sin esperar más lo que será después: la plenitud del ser persona.
Nosotros estamos aún por vernos como lo que somos. Nosotros estamos presos en las apariencias que ante vos comparecían en los caminos, las ventas y los palacios. Nosotros hoy tenemos pantallas con fantasmagorías infinitas que han superado con creces a las novelas de caballerías. Diariamente hacemos la selección que se hizo con vuestros libros e igualmente queda casi todo para arrojar al fuego. La figura humana que quedara de tal escrutinio sería el hallazgo de un diamante en un camino trillado por las gentes. Nuestro mundo ya no es la edad de hierro: es para vos inimaginable por lo abigarrada pues no se queda sólo en lo prosaico.
No podríais imaginar, como digo, la hibridez, la transgresión constante, la burla, la vanidad desenfrenada que campea en lo que llaman cultura. Si amabais la libertad frente al formalismo de vuetra época bajo la ferrea autoridad hoy tenéis la contracara en la liberación sin límite. Diríase que lo peor de la vida cortesana se ha instituido como derecho adquirido por las modernidades que desde vuestra época se han desenvuelto.
Pero no hay que engañarse, la esencia del hombre no puede cambiar, como toda esencia: la nuestra dañada por el pecado se manifiesta sin tasa hoy y ayer. El valor infinito de la redención comenzó a perder valor poco a poco hasta llegar a ser un concepto muerto. Desde aquí vige la liberación.
A vos que fuisteis amante puro de la libertad nada hay que deciros porque finalmente moristeis cuerdo, es decir sometido a Dios y a la Iglesia. Lo inquietante de la desobediencia actual está sustancialmente en el rechazo de la redención pensando que Dios no es el que se conserva en la Revelación que atesora la Iglesia, guardiana de las Escrituras. La exigencia de libertad que llevasteis por los caminos viejos de España no quita la obediencia a lo que se guarda allí, en el gran sacramento. Y el reclamo del derecho de los desvalidos ha sido tomado como bandera de todos los santos hasta el día de hoy y no hay quien quiera negarlo. Por el contrario lo enarbolan todos como un patrimonio común, sea la Iglesia como la contra Iglesia, que se parecen por el celo del socorrer a los necesitados. Pero escapan al mismo tiempo todos del ser personas, rostros únicos, por parecerles signo de exclusivismo elitista o solipsismo egoista. No toleran la reclusión en Sierra Morena ni los mil avemarías, ni la declarada castidad de vuestros amores con Dulcinea. Están en el mundo, es verdad, tocados por la solidaridad, pero sin la recepción del Espíritu del cual siempre estuvo lleno vuestro corazón de caballero andante o vuestra condición de hidalgo amante del íntimo hogar, donde disteis el espíritu, es decir donde con modestia refulgió la paz en vuestra muerte.
Es menester ahora salir a rescatar a las personas que yacen ocultas en un hombre deliberadamente enajenado, en un hombre acosado por la técnica y la vigencia omnímoda de la vida de la célula, del vitalismo medido por la modernidad y por la desestructuración medida por el impulso reinante posmoderno. Un solo caballero andante que mostrase su rostro único y su intimidad infinita bastaría para ello ¡Y los ha habido y aún los habrá! Doy el ejemplo del Mahatma Gandh: uno solo que dio en ser santo (como lo recomendaba el mismísimo Sancho Panza) pesó por millones. Muchos Quijotes cabalgan por los caminos en débiles corceles como caballeros de la Triste Figura a los cuales podrá faltarles la ventura pero el esfuerzo y el ánimo jamás.
Donde brilla una persona se muestra la imagen y semejanza de lo que todos llaman "Dios".

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