Salisteis, caballero de los leones, a las aventuras que el mundo abierto por tu impulso intelectivo hacia el bien te deparara. Un joven salió a la aventura en el mundo inglés ultramarino al cual su juventud ciega lo llevaba: se llamaba Robinson. No había nada especial en él, no había meditado en su aposento ni leído libros ni aún atendido a las palabras de la sabiduría revelada ni aprendido nada del maestro interior como vos.
Él salió en rebeldía contra designios paternos y terminó arrastrado por tormentas marinas en una isla donde puso a prueba la capacidad técnica que le proporcionó los medios de vida donde aplicó el método de la civilización.
Pero la técnica que en medio de ella no promueve la interioridad porque la va borrando en la medida en que el hombre se socializa y se hace esclavo del “se dice y se hace y se vive”, en una sociedad que va escapando de lo que siempre y para siempre ha de ser pensado”, la técnica, ahora ocasionaba un diálogo consigo mismo en una interiorización o reminiscencia del conocimiento. He aquí que en sus momentos de ocio y obligado recogimiento fue mostrándose la persona que en él había. Surgió de su conversación consigo mismo. Más tarde aparecerá un Sancho, Viernes, con quien ejercitará el ser de la persona que es la cercanía por el lenguaje de la conversación y después se va introduciendo otra vez en la sociedad (porque vienen hombres) donde se requiere la justicia para que sea “comunidad” y ambos salvan de la muerte a desdichados que vienen a la isla. Sentimos inmediatamente nostalgia de esos primeros capítulos donde su persona en intimidad se dibujaba en trazos precisos.
Mas tarde vuelve a la sociedad que sorberá la delicada interioridad de Robinson Crusoe en la del escritor que por él había visto una ventana, por donde muchos respiramos.
Pero el fin de los fines, el fin último no aparece: por eso se borra la persona…en el mundo que se basta a sí mismo. Da tristeza señor don Quijote, pero es el mundo inglés donde Ulises (en el poema de lord Tennyson) no alcanza plenitud sino que vuelve a partir hacia el horizonte en una suerte de nostalgia sin fin: navegar, sólo navegar.
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