Grande contento tuvisteis en ingresar en la espesura de la sierra y grande lo tuve yo desde joven puesto que quise imitarte: eso de hallar arroyos y peñas y follaje y pensar que es tierra de nadie y raramente transitada sino por una majada de cabras fue como la tierra de ELDORADO para los conquistadores. Desée morir desde entonces en aquel bosque de molles que a la tarde brilla más que el oro.
En la más áspera y escondida parte entrasteis vos con regocijo, se repite: para hallar aventuras, mas ¿cuáles podríais hallar allí sino las románticas novelas que vuestro autor con arte intercala? Lo que sí mostrasteis fue vuestra valentía y decisión admirable contrastando con la timidez de Sancho que no os dejaba apartar en aquellas soledades. De veras vos no dudasteis ante el peligro creyendo en la fuerza de vuestro brazo, condición sin duda digna de encomio. Para mí una invitación a imitarte.
Más que nada maravilla vuestra ternura al abrazar a Cardenio, llamado el Roto de la Mala Figura y vuestro discurso que se añade a los que lleváis desde que de la venta salisteis como una perla de un collar a otra.En humanidad vas desbordando de toda caballería andante conocida, en vuestra amistad con el hombre. Hay en el aire un fragancia al Emilio de Rousseau en esto como literaria anticipación.
Lo que da de pensar es el escenario para el cuento que vendrá; para mí el deseado: vale más el marco que el cuadro.
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