¿Qué te van a ti esas historias de Cardenio y de Dorotea que salen a nuestra vista en esa soledades de la Sierra Morena? A nosotros nos cautivaron de jóvenes por su composición mas hoy las vemos como artificiales ante tu noble figura estampada en el realismo áspero de este mundo siempre prosaico. Tú estás allí orando y meditando y avanzan los curas y barberos del mundo entretenidos ahora en cuentos que por bien contados no dejan de ser epidermis frente a vuestra epopeya. Y más cuando se prestan al engaño de llevaros al reino de Micomicón. El cura gran trazador como todo hombre que por pragmático se tiene os hizo decir aquello maravilloso ante la reprobación de la liberación de los galeotes: “a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por sus gracias; sólo les toca ayudarles como a menesterosos poniendo los ojos en las penas y no en sus bellaquerías: yo topé un rosario y sarta de gente mohina y desdichada e hice con ellos lo que mi religión pide…” ¡Bien dicho, caballero de los leones!
Sancho no sé cómo no recibió unos palos por haberos delatado con su sentido común que no era tal pues creía por ambición que ibas a darle un reino en tierra de negros a quien podría negociar. Va mucho de vos don Quijote a los medidos por las cosas de este mundo.
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