martes, 30 de agosto de 2011

VEMOS LO QUE EXPERIMENTAMOS

Caballero de la triste figura debo defenderos ante los observadores realistas que arrugan la nariz ante vuestra y nuestra visión de las cosas (y a fe que hay muchos a una nariz pegados). Conocer es experimentar (así lo estatuirán los empiristas que irán ganando terreno aunque son tan viejos como los genes del hombre), por eso vos experimentáis la castidad y es inútil decirle al arriero que existe algo semejante que ni lo ha visto en todos los días de su vida de toma y daca.
Verdad es que la Iglesia como madre y columna de la verdad pretendió imponer tal verdad como si el cíclope Polifemo pudiera cegado ver lo que no veía con un ojo sano (por más que Góngora lo santificara con culteranos versos). El Señor Vificante con todo mueve a las personas, sepultadas por las pasiones, confirmadas por todo realismo: el de las plazas y el de las cátedras. Las personas están allí, bajo la rudeza de Maritornes, la suavidad de la hija de la ventera y de ella misma, solidaria con los caballeros apaleados. La mujer nunca es sujeta al realismo ciego, en Sófocles, Eurípides, Dante, Shakespeare Moliere Racine y vuestro autor, para nombrar a algunos que en sus países están primeros en el castillo de la fama, que mejor sería denominarla de la verdad.
Vos señor don Quijote salisteis muy malparado por palos, puñadas y candilazos por mor de vuestra imaginación poética pero a nuestra vista de discípulos vuestros alabado por casto, lo cual es decir nuevamente por loco en estas edades de hierro. Por ser caballero no debíais pagar a venteros que vos juzgabais como castellanos y si Sancho fue por ello manteado bien caballero se iba y ambos se alejaron de gente descomunal y soberbia que en dos ardites estimaran a los dorados caballeros de la tabla redonda si allí se presentaran y reirían de Dante y de Beatriz con las ganas de sus ahítos estómagos.

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