La aventura de los batanes probó vuestra valentía y la cobardía de Sancho. La burla posterior ante la causa de los ruidos le hizo merecedor de los palos que le disteis en las espaldas. Lo castigaste y penaste a que no hablara con vos con tanta desenvoltura como usó hasta aquí acercándose tanto como para borrar las diferencias de amo a criado: “así que desde hoy en adelante nos hemos de tratar con más respeto sin darnos cordelejo”. Allí está el punto de las personas sean amos o señores, escuderos o caballeros: la cercanía y el gozo de existir.
Han seguido conversando como si las cosas no valieran lo que las personas y en verdad que las cosas se desfiguran como en una comedia surrealista. Llueve y un barbero con una bacía en la cabeza es visto como un caballero con el yelmo de Mambrino relumbrando en aquel campo mientras que el burlón reincide en sus burlas al identificar el baciyelmo y el asno pardo. Vos le vencisteis con ningún costo y Sancho quiso aprovecharse de ello para su beneficio y luego seguir conversando como antes y eso te dio pie a la precisa descripción del caballero que hereda el reino y se casa con la hija heredera y hace mercedes a su escudero. Esto da origen a una más espesa conversación entre vosotros enderezada a la concupiscencia del pobre de ser rico y poderoso que es la médula de esta vida mortal o muerte vital, como la llama San Agustín. Pero el designio del caballero es el del espíritu: la libertad.
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